Alimentación Emocional

Son las 8 de la tarde. Acabas de llegar a casa después de un agotador día de trabajo, y encima ese trabajo no te satisface tanto. Pones la tele, te sientas en el sofá con el mando a distancia en la mano, y después de un repaso rápido por todas las cadenas, el aburrimiento se sienta a hacerte compañía. Y para enmascarar ese aburrimiento y todo lo que esconde detrás, comes, comes y comes hasta la saciedad… y si puede ser “comida basura”, mejor…

Esta situación, como otras muchas similares, es muy frecuente. ¿Quién en momentos de desilusión o abatimiento no ha devorado cajas enteras de chocolates?. ¿Quién en momentos de soledad o abandono no se ha comido de una sentada bolsa tras bolsa de patatas fritas con unas cervecitas?. ¿Quién no ha buscado refugio en la tarrina de helado para compensar un sentimiento de tristeza?

¿Quién no ha hecho como Bridget Jones cada vez que algo le salía mal?… todos la recordamos debajo de su manta, frente al televisor, rodeada de envases de helado, bolsas de snacks, envoltorios de chocolates, devorando sin parar hasta la madrugada…

Pero, ¿realmente tenemos tanta hambre o comemos sobre todo por aburrimiento, por insatisfacción, por apatía?. ¿Nos hace este tipo de comida sentirnos mejor de verdad cuando estamos tristes, cuando estamos desanimados?. Si realmente tuviéramos hambre nos bastaría con comer unas manzanas…

Pero en esos momentos, somos sólo víctimas de nuestra mente y nuestras emociones superficiales, no somos dueños de nuestra voluntad, somos incapaces de autocontrolarnos, por eso tendemos a comer grandes cantidades de alimentos que no nos convienen pero que buscamos para sentirnos mejor. No pensamos en las consecuencias posteriores ni en por qué nos sentimos así. Nos olvidamos de todo lo que conocemos sobre los efectos nocivos del azúcar, de los carbohidratos, de los aditivos, etc. No somos conscientes de las consecuencias de estos abusos a todos los niveles en nuestro organismo.

Realmente no tenemos un problema con la comida, es más bien un tema emocional; es como si esa comida “basura” fuera un velo que tapa nuestras emociones más profundas, la raíz de nuestros sentimientos de frustración, aburrimiento, apatía, desilusión, etc.

¿Y después qué?, la culpa, la sensación de habernos fallado a nosotros mismos, aparte de las molestias físicas como digestiones pesadas, acidez, estreñimiento o diarrea, nauseas, vómitos… Por no hablar de la desoladora visita a la báscula “el día después”… en esto también nuestra amiga Bridget es una experta…

Esto es lo que llamamos “Alimentación emocional”, es decir, devorar ávidamente comida, generalmente “comida basura” como respuesta a nuestro estado de ánimo. Más bien se diría que engullimos, tragamos sin tan siquiera masticar, mientras nuestra mente es una coctelera de pensamientos negativos.

Tomar Consciencia. ¿Necesitamos realmente comer?. ¿Tenemos hambre?

Ser conscientes de nuestro estado de ánimo, de nuestras emociones, de nuestros pensamientos y ver si son ellos los que nos impulsan a comer.

Sabemos que no se trata de hambre verdadera cuando lo que nos apetece son productos no necesarios para nuestra supervivencia, como un bollo, patatas fritas, chocolate. Y a veces no tenemos claro siquiera si nos apetece una cosa o cuatro…

Si de verdad tuviéramos hambre, cualquier alimento bastaría y además nos sentiríamos bien después de comer.

Podemos pensar en esas personas que desgraciadamente tienen muy poco para comer, ¿dicen “me apetece comer”? o ¿“necesito comer”?.

El tomar consciencia de todo esto es un primer y muy importante paso. Si lo conseguimos día tras días, nos iremos sintiendo mejor, con más fuerza de voluntad, mayor seguridad en nosotros mismos. Ya no nos controla la mente, nosotros somos dueños de nuestra voluntad.

¿Cuándo nos alimentamos según nuestras emociones?

Tenemos que mirar de frente el momento por el que estamos pasando, para así poder reconocer qué nos hace comer de esa manera. Los motivos pueden ser muy diversos, desde una situación emocional (estrés, soledad, inseguridad, necesidad de llamar la atención, aburrimiento, problemas familiares, falta de autoestima) hasta una situación laboral o económica (pérdida del puesto de trabajo, excesiva carga de trabajo, presión por cumplir objetivos, no saber si vamos a “llegar a fin de mes”).

Sería muy bueno llevar un diario con lo que comemos en esos momentos y cuál es la emoción reinante que nos lleva a comer así para poder tener una especie de registro, una hoja de ruta del círculo vicioso en el que estamos atrapados. Y desde este punto, ser capaces de empezar a poner soluciones.

Soluciones

La solución está en nuestras manos. Una vez que somos conscientes del “por qué” y “para qué” comemos tan compulsivamente, podemos ser capaces de romper el círculo, liberarnos y cuando aparezca esa emoción que nos lleva directamente al atracón poder canalizarla hacia donde nosotros queremos… que en este punto ya no es el frigorífico ni la caja de galletas.

A veces no podemos hacerlo nosotros solos, y esto no es un síntoma de debilidad. Tenemos que compartir lo que nos pasa con nuestros seres queridos, ellos nos ayudarán y acompañarán en nuestro camino. Es necesario expresar nuestras emociones y nuestros sentimientos. Si nos sentimos solos, podemos visitar a algún familiar, o llamar a un amigo; si nos sentimos frustrados profesionalmente podríamos intentar buscar alternativas a nuestra situación.

En cualquier caso, siempre nos vendrá muy bien la práctica de algún deporte, de nuestras aficiones favoritas, bailar, hacer yoga, meditar, pasear, estar en contacto con la Naturaleza, leer, expresarnos sin miedo, hacer ese curso que siempre nos ha interesado; en resumen, llenar nuestro tiempo con situaciones, con personas que nos hagan sentirnos felices, que nos aporten satisfacción.

Quien evita la ocasión…

¿Para qué vamos a tener la casa llena de tentaciones?… todos sabemos que la mejor manera de no comerse una chocolatina a las 11 de la noche es no tenerla a mano. Y no hay excusas para esto; no hay que tener dulces por si acaso viene una visita, ni chuches por si vienen nuestros sobrinos a casa, en estos casos compramos lo necesario, que no sobre, pero si sobra, o se lo lleva la visita o lo tiramos… no hay que conservarlo, el precio que pagamos por tener una tentación en el cajón es demasiado alto.

Hagamos algunos cambios

  • Empezaremos por la cesta de la compra. Que abunden los productos frescos, frutas, verduras y hortalizas principalmente.
  • Vamos al super teniendo muy claro lo que queremos comprar. No vamos cuando estamos hambrientos o pasando por un momento de ansiedad o malestar emocional.
  • Crearemos un espacio para poder cocinar. Buscaremos el tiempo para prepararnos una buena cena, un buen almuerzo, sin prisas, de manera consciente. También así llegaremos con menos hambre a la hora de comer.
  • Podemos empezar a investigar con recetas de verduras, ensaladas; a informarnos, interesarnos por una alimentación más saludable.
  • Nos queremos, nos mimamos, somos muy valiosos y por eso, no nos damos caprichos que nos hagan daño.
  • Tomamos las riendas de nuestra vida, somos conscientes de nuestros procesos y disfrutamos de ello.

Y cada día que pase sin haber comido arrastrados por nuestras emociones será un premio en sí mismo, una liberación… hemos sido capaces de romper el círculo, ahora nosotros decidimos qué y cuándo comer, no nuestro enfado o nuestra apatía. Además perderemos peso, nos sentiremos física y anímicamente mucho mejor!!! Hemos triunfado!!!

 

 

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